Mostrando las entradas con la etiqueta antillano. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta antillano. Mostrar todas las entradas

jueves, 9 de abril de 2009

8 de abril DR. RAMÓN EMETERIO BETANCES, EL ANTILLANO


La vigencia del pensamiento del Padre de la Patria – y la de sus acciones - nunca deja de estremecernos. El médico que se distinguió atendiendo a los pacientes del cólera en 1856, en el hospital que fundó en Mayagüez, es arquetipo de la entrega actual de los médicos cubanos en Operación Milagro. El abolicionista que compraba la libertad de los hijos de esclavos cuando los llevaban a bautizar a la iglesia San Miguel Arcángel, en Cabo Rojo, prefigura la lucha del presidente boliviano Evo Morales por liberar a los guaraníes esclavizados en el Chaco, en pleno siglo veintiuno. El estratega político-militar que denunciaba estratagemas imperiales advirtiendo las consecuencias de cualquier concesión ante ellas — "¡No quiero colonia ni con España ni con Estados Unidos!" — nos hace recordar a otro médico revolucionario, Guevara, cuando en 1965 decía: ‘no se puede confiar en el imperialismo...¡ni tantito así!’

En las cartas de Betances encontramos el análisis que aplica a las realidades que confrontamos hoy porque parte de principios de justicia atemporales, universales. En sus iniciativas vemos el modelo que urge seguir en el presente porque su visión oteaba para alcanzar ‘la anchura, la longitud, la profundidad y la altura’, que pedía para nosotros el Apóstol Pablo (Efesios 3:18). Entre tantas lecciones de honor y propuestas cargadas de futuro, ninguna más importante que la de forjar la unidad de una hermosa patria gran-antillana, dotada por la naturaleza de todo lo necesario para legar a nuestra descendencia una sociedad próspera, justa y feliz.

Recomendamos con vehemencia leer a Betances. Leer lo que ha sido escrito sobre su vida y obra, que una buena parte afortunadamente está disponible en la Internet. Pero antes que nada, amén de su obra literaria, leer las cartas y ensayos de Betances, “carbón ardiente” que “deja su huella sobre aquel por el que pasa” como ha escrito Marcos Reyes Dávila, editor de la revista Exégesis, en el Número 32 dedicado al procer. Aquí algunos enlaces:

Betances Inédito / EXÉGESIS
http://www.uprh.edu/exegesis/32/contenido.html

Simplemente Betances
http://graduados.uprrp.edu/betances/pdf/art_felix_ojeda/simplemente_betances.pdf


martes, 13 de enero de 2009

Eugenio María de Hostos, Ejemplo de Solidaridad en las Américas

Conmemoramos en enero, el día 11, el natalicio de Eugenio María de Hostos, pionero del pensamiento antillanista, preclaro sembrador de futuro que supo hacer, del infortunio del exilio impuesto por España, un ejemplo de solidaridad en las Américas.


En Nueva York luchó junto a los cubanos por la libertad de la antilla hermana; en Santo Domingo dejó el más completo legado de su misión pedagógica fundando la Escuela Normal y la Escuela Nocturna para los trabajadores; en Argentina y en Chile cultivó la pedagogía, la sociología y la crítica literaria; en Venezuela cultivó la pedagogía y el periodismo; en Brasil y en Perú combatió el racismo y la marginación de los desposeídos.


Luego de un largo peregrinar por las tierras americanas regresaría a Mayagüez, su pueblo natal en la costa occidental de Borinquen, en 1898, a los 59 años de edad. Un nuevo esfuerzo de lucha por la libertad, por medio de la Liga de Patriotas que intentaba organizar, no pudo abrir camino en una sociedad que - a escasamente un año de lograr la autonomía bajo España - había sido invadida y ocupada por la Marina de Guerra de los Estados Unidos de Norte América.


Hostos aceptó entonces, en 1900, la invitación del presidente dominicano Horacio Vázquez para que regresara a la República Dominicana a reorganizar el sistema de educación. En 1901 fue nombrado Director General de Eenseñanza, procedió a escribir la ley de educación pública y a fundar escuelas comerciales, profesionales y agrícolas. En 1903, el 11 de agosto, falleció en su residencia, cerca del mar, en la Estancia Las Marías.


En 1938 la Octava Conferencia Interamericana, en Lima, le distinguió como Ciudadano de América y, al año siguiente, el gobierno de Puerto Rico publicó sus Obras Completas. En 1985, en Santo Domingo, sus restos fueron trasladados al Panteón de los Inmortales.


En 1988, el Consejo de Educación Superior de Puerto Rico creó el Instituto de Estudios Hostosianos (IEH), entidad que inició sus trabajos en 1990 como unidad administrativa adscrita a la Oficina del Rector de la Unversidad de Puerto Rico en Río Piedras.


Escribió Hostos en su momumental obra de 1888, La Moral Social (extractos):


Cosmopolita es el patriota en toda patria.


Empieza por ser verdadero hombre en su patria, y acaba por ser verdadero patriota en la humanidad entera.


Entonces, para él, todo el mundo es patria, porque todo el mundo es la repetición exacta de la porción de humanidad de que procede, y en todas partes tiene el deber de hacer lo que quiso, deseó o intentó para su patria, y porque en todas partes trabaja para ella, no sólo por ser solidarios entre sí todos los bienes de los pueblos, sino porque el mérito que adquiera ante otros pueblos refluirá como honra y gloria para el suyo.

jueves, 30 de octubre de 2008

Ser Antillano








Desde principios de la Revolución Haitiana en los albores del siglo 19, antillano fue la contraseña de los corsarios haitianos que fomentaban la emancipación de los esclavos africanos y de los pueblos indígenas a lo largo y lo ancho de las colonias europeas en el Caribe.



Sin duda el Dr. Ramón Emeterio Betances, Padre de la Patria borincana, evocó esa tradición de lucha cuando, durante su exilio en Nueva York (1869-1871), firmó sus artículos en el periódico La Revolución como El Antillano.


En Betances el seudónimo entrañaba lo mismo que significó el código cuando nacía en Haití la primera república latinoamericana, todo un programa anticolonial y de insurrección contra la esclavitud.


Precisamente porque esa primera república nació de una revolución de esclavos, ambas agendas – la anticolonial y la abolicionista – fueron consustanciales en las Antillas.


Bajo el gobierno de Jean-Jacques Dessalines no se enarbolaron los colores republicanos - rojo, blanco y azul - sino la bandera nacional haitiana que Dessalines creó eliminando la franja blanca de la bandera de Francia: el estandarte nacional sería rojo y azul.


Además, en la Constitución formulada en aquellos momentos quedó consignado que todo ciudadano haitiano sería considerado negro, porque negro significaría 'hombre amante de la libertad'.


Más adelante, en 1816, partiría desde Haití la primera de tres expediciones encabezadas por Simón Bolívar, todas financiadas y organizadas por el gobierno de Alejandro Pétion, excepcional ejemplo de pensamiento y liderazgo internacionalista y democrático.


De hecho, la Constitución de la república presidida por Pétion es un documento que tenemos que conocer para entender a cabalidad lo enunciado posteriormente por Bolívar en su Discurso de Angostura, donde vehementemente reclamó la abolición de la esclavitud y donde explicó las condiciones sociales que hacían necesario estatuir la presidencia vitalicia.


Casi al mismo tiempo que la expedición de Bolívar - y con igual respaldo de Pétion - había partido de Haití la expedición encabezada por Francisco Xavier Mina, héroe anticolonial español quien, luego de luchar contra la invasión napoleónica en su tierra, ofrendaría su vida por la libertad de México el 11 de noviembre de 1817, a los 28 años.


Mina fue fusilado de espaldas, como traidor a la patria, por los que no pudieron, o no quisieron, comprender lo que explicó en sus proclamas:


estarían luchando por la libertad de los pueblos de la península los que combatieran por la de México, quebrantando el poderío económico del imperio.


El horizonte más amplio de ese período de avanzada conciencia democrática puede apreciarse en Pétion y Bolívar, de Paul Verna (Colección Bicentenario, Caracas, Venezuela), obra que abarca el trascendental ciclo de épicas libertarias en el Caribe que otros autores pasan por alto, o ligeramente rozan.


El excepcional libro de Verna está agotado pero hay copias en la Biblioteca Nacional de Venezuela y en la Biblioteca del Congreso de EEUU (LC Control Number: 81185751) en Washington, DC.

Por otra parte, en la antología de textos de Betances compilados por Carlos Rama (Las Antillas para los Antillanos, pp. 41-69), leemos su conferencia de 1870 sobre Alejandro Pétion, el demócrata puro, el patriota inquebrantable, a quien Bolívar escribió al partir en la primera expedición:


No sé si he de nombraros autor de nuestra libertad...V.E. posee una facultad más valiosa que todos los imperios, la de hacer el bien. Sólo el Presidente de Haití gobierna para el pueblo y manda a sus iguales.


Betances también cita la respuesta de Pétion:


Os suplico que no pronunciéis mi nombre. Sabéis que mi único deseo es el de ver libres a los pueblos que están gimiendo bajo el yugo de la esclavitud.


La deuda de gratitud que tiene la América Latina con Haití es preciso comenzar a honrarla. Ya varios países de la Patria Grande lo hacen, especialmente en lo que toca a esfuerzos de cooperación y asistencia tan loables como necesarios.


Sin embargo, todavía no aparece ante nuestros estudiantes la cátedra que ilustre la magnitud del ejemplo del antillano Pétion, ni la transformación de la lucha libertaria de Bolívar tras sus experiencias en Haití (período que Verna consigna bajo el título Bolívar Antillano), todos fundamentos de las gestas anticoloniales contemporáneas. Sólo cuado hayamos cumplido con la cabal divulgación de esa herencia habremos entregado a las nuevas generaciones la verdadera dimensión del Ser Antillano.